Cada año los que somos parte de la Iglesia vivimos la Cuaresma, tiempo en que la figura y el ejemplo de Cristo se hace más fuerte que nunca en nosotros, época en que con esfuerzo y renuncia entregamos el fruto de nuestro sacrificio para ayudar a los hermanos que más lo necesitan.
En esta oportunidad, como integrantes de una iglesia misionera y solidaria mantendremos el compromiso con los niños y niñas en riesgo social que hemos llevado adelante en campañas anteriores, tarea que durante varios años ha permitido otorgar oportunidades y esperanzas a quienes son los hijos predilectos de Jesús.
La Cuaresma es un tiempo bendito. Durante cuarenta d ías compartimos la víspera de la Pascua del Señor. Una oportunidad de cambio, un llamado a renovar nuestro bautismo y ver en nuestro hermano a Cristo. Es un tiempo de reflexión y también de encuentro con el rostro doliente de Jesús, que se manifiesta en quienes viven la pobreza, el dolor, la soledad, la marginación.
Es tambi én un espacio de acompañamiento a Cristo, que se prepara para entregarse por nosotros, para morir por nuestros pecados y anunciarnos el milagro de la vida eterna. Es un tiempo de renovación al cual todos estamos llamados. Por esta razón nuestra Iglesia vive en plenitud este tiempo, invitándonos a todos a participar activamente de este periodo.
Acompañar a Cristo significa comprender el sentido de su sacrificio, ver en quienes sufren, su propio rostro y realizar el mensaje de amor al prójimo que Jesús nos enseñó, Cuaresma es un compromiso de acción y solidaridad con los más pobres y como cristianos tenemos la obligación de ser parte de este tiempo de oración, ayuno y limosna.
El Papa Benedicto XVI expresó en 2008 que “la Cuaresma nos ofrece una ocasión providencial para profundizar en el sentido y el valor de ser cristianos, y nos estimula a descubrir de nuevo la misericordia de Dios para que también nosotros lleguemos a ser más misericordiosos con nuestros hermanos. En el tiempo cuaresmal, la Iglesia se preocupa de proponer algunos compromisos específicos que acompañen concretamente a los fieles en este proceso de renovación interior: son la oración, el ayuno y la limosna”.
Los niños y Jesús
Los niños y niñas son para Jesús un referente de cualidades para llegar a compartir la plenitud del paraíso. En ellos, Jesús ve “un ser débil y humilde, que no posee nada, no tiene ambición, no conoce la envidia, no busca puestos privilegiados, no tiene nada que decir en la avidez de los adultos, el niño tiene conocimiento de su pequeñez y su debilidad”.
La complejidad de la sociedad actual, limita cada vez más la inocencia que habita en los niños y niñas. Muchas veces son obligados a trabajar, dejar de estudiar, a participar de actos delictivos e incluso son forzados a prostituirse para sobrevivir.- Sin duda que nuestro país tiene una deuda pendiente con los niños y niñas, ya que de alguna forma u otra todos somos responsables de lo anterior
La Iglesia Católica asume el compromiso con los más pequeños y sus familias, pues ve en ellos la fuente de esperanza en el futuro y de alegría presente para cada familia que es bendecida con el fruto del amor de padres y madres
En los últimos años, los esfuerzos de nuestra Iglesia se han enfocado en los niños y niñas menores de seis años, ya que en Chile más de 200 mil de ellos viven en condiciones de vulnerabilidad.
Esto se agrava frente un escenario económico mundial que preocupa y afecta siempre a los más pobres y sus familias. Esta realidad nos convoca con más fuerza a participar del acto de amor y entrega que implica para todos la Cuaresma.
El año anterior se recaudaron 856 millones de pesos, con los cuales fue posible efectuar una serie de actividades en todo el país apoyando a las familias más vulnerables, que buscan mejorar sus condiciones de vida, pues existen muchos niños y niñas que no pueden realizar el potencial de sus capacidades dada su situación de pobreza o lejanía territorial que no les permiten acceder a servicios ni oportunidades.
En nuestra Diócesis fueron recaudados 37 millones de pesos que permitieron ejecutar 29 proyectos en las cinco zonas pastorales que abarca las provincias de Talca y Curicó.-
Fueron cuatro proyectos en la zona costa, seis en Curicó rural, siete en Curicó ciudad, tres en Talca rural y nueve en Talca ciudad, gracias al aporte de los fieles que entregaron su aporte en la campaña Cuaresma de Fraternidad 2008. Este año la tarea continua.
“Lo que pasa en este tramo de la vida es muy decisivo para lo que un niño va a ser cuando grande”
Monseñor Horacio Valenzuela, en la ceremonia de entrega de los proyectos de Cuaresma 2008 nos dijo, “Estamos muy lejos de darle a los niños menores de seis años en situación de riesgo todo lo necesario para que sean personas plenas” esta situación es más compleja dado el tipo de pobreza de nuestra región, con características rurales evidentes que generan grandes diferencias en los niños y niñas.
El mundo rural está privado de una serie de servicios que son comunes en las zonas urbanas. Muchos padres trabajan en labores de temporada, dejando a sus hijos solos, o donde familiares, ya que no existe ninguna actividad o centro que acoja a los niños y niñas del campo.
En ese sentido, hay que tomar en cuenta que los primeros años son los más importantes en la formación de la personalidad de las personas. El hecho que no puedan acceder a cuidados, estimulación y alimentación adecuada hace que se expanda la brecha social que limita nuestra capacidad como país de progresar y desarrollarnos.
Por ello los proyectos ejecutados el año 2008 en nuestra diócesis fueron centrados en talleres de cuidado, de higiene y de fortalecimiento de capacidades motoras de los niños, para velar por su salud y aportar a su despertar intelectual.
También los proyectos buscan motivar el ejercicio físico y deportivo de los niños y sus familias, renovando la implementación deportiva de las parroquias como mesas de ping pong, colchonetas y balones.
Además hay líneas para capacitar a las mamás de los pequeños en talleres de costura y chocolatería, alimentación sana, vida saludable y la potenciación de actividades artísticas, utilizando de mejor forma el tiempo libre y generando fuentes de ingreso familiar.
Estos fueron algunos de los logros de la Cuaresma de fraternidad que buscó testimoniar el compromiso de la Iglesia con los niños y niñas menores de seis años en riesgo social.
Pero la tarea no está finalizada ni mucho menos, queda mucho por hacer y por eso necesitamos este año nuevamente del aporte que los cristianos podamos hacer en la campaña de Cuaresma de Fraternidad, los niños y niñas son la semilla que hay que acompañar, cuidar, proteger y educar, para que puedan ser fruto importante de una sociedad justa y solidaria.
Por eso queremos invitar a toda la comunidad diocesana a renovar el compromiso de cuaresma, y participar activamente de la campaña, para continuar dando testimonio de una Iglesia de discípulos y misioneros que vive y practica la solidaridad, especialmente con los niños y niñas en riesgo social cuya protección nos pertenece a todos.- |