Reflexiones en torno a la visita domiciliaria

unamos las manos

María Elisa Williamson
Asistente Social
PRM Unamos Las Manos
Fundación CRATE

En nuestro quehacer diario, en el área de  infancia y familia  debemos realizar permanentemente visitas domiciliarias, siendo ésta una técnica de vital apoyo para la intervención, dado que nos permite observar e interactuar con el espacio y el entorno de  las familias que participan en nuestro programa. En definitiva, nos permite una aproximación a cuáles son sus reales condiciones de vida, creencias,  costumbres, cultura, lenguaje y modismos utilizados, entre otros.

Quiroz (1994) señala que la visita domiciliaria se orienta a uno o varios de los siguientes objetivos:

  • Obtener, verificar y ampliar información en el domicilio de la familia.
  • Estudiar el ambiente social en que está inserta la familia.
  • Informar a la familia sobre el avance de la intervención.
  • Controlar situaciones sociofamiliares.
  • Reforzar tareas asignadas.
  • Aplicar técnicas de intervención familiar.

Frente a los valiosos resultados que se podrían obtener de esta técnica, se deben establecer objetivos claros antes de acudir a un domicilio e informar previamente a la familia que se le visitará, teniendo cautela en la forma de abordar a la familia en su entorno.

Es necesario visualizar, de antemano, el impacto que la visita domiciliaria puede provocar en las familias, dado que puede afectar  la rutina propia de las personas visitadas, al ingresar a la vida cotidiana de ellas.

Visitar un domicilio es tomar contacto directo con  las raíces e historia de aquella familia. Nuestro  objetivo no sólo debe ser el de observar todo a nuestro alrededor sino el de nutrirnos de las interacciones realizadas con  los miembros que la componen, mostrando disposición al diálogo y a participar del proceso de visita domiciliaria a fin de favorecer que la familias disminuyan sus defensas y resistencias, dado que somos los profesionales los que debemos percibir que  al llegar a un domicilio se está entrando a otra realidad y que de alguna forma implica una irrupción en la rutina de aquella familia.

Junto a ello, se debe tener presente que el impacto que puede generar en las familias podría resultar significativo y favorecer de manera importante al logro de los objetivos de la intervención, siempre y cuando la familia perciba que  la visita domiciliaria  no se ha realizado  con la intención de inspeccionar o buscar aspectos disfuncionales o debilidades de sus miembros.

La visita domiciliaria exige que los profesionales desarrollen nuevas estrategias, de aproximación a la familia, revisar y analizar la metodología propia de una visita domiciliaria. Junto al desarrollo de habilidades profesionales que se pueden realizar en el trabajo en dupla psicosocial, apoyándose de forma mutua los profesionales al momento de realizar terreno.

Finalmente, es necesario reflexionar en torno al desarrollo de las visitas realizadas,  reconocer y validar el resultado cualitativo que nos proporciona, entendiendo los ritmos, recursos y particularidades de cada familia. Reconociendo en ellas  sus fortalezas más que centrarse en la  búsqueda de disfuncionalidades y carencias. Por tanto se debe  resignificar y revalorizar la visita domiciliaria, reconociendo la importancia de  esta técnica en la intervención psicosocial.

Publicado en Infancia y Familia.