Fundación CRATE a través del Área de Desarrollo Sustentable nos invita a reflexionar sobre el día mundial contra la sequía y la desertificación

Cada 17 de junio celebramos el Día Mundial para Combatir la Desertificación y la Sequía, proclamado el año 1995 por las Naciones Unidas con el fin de concienciar acerca de las iniciativas internacionales para combatir estos fenómenos. Esta fecha nos brinda una oportunidad única para recordar que se puede neutralizar la degradación de las tierras mediante la búsqueda de soluciones, con una firme participación de la comunidad y cooperación a todos los niveles.

La Organización de las Naciones Unidas asegura que el 33% de los recursos del  planeta están siendo degradados por la erosión, la contaminación, la acidificación y el agotamiento de nutrientes. Por la acción de la degradación se estima que estamos perdiendo el suelo a una velocidad de 30 campos de fútbol por minuto. En Chile, es un fenómeno que está muy presente y nos hace estar en una situación crítica evidenciando que la mitad del país está erosionado y el desierto avanza hacia el sur a un ritmo aproximado de 3 kilómetros por año.

La  desertificación se entiende como un proceso de degradación del suelo causado fundamentalmente por la actividad humana y las variaciones climáticas. Esto sucede por la deforestación y la destrucción de la cubierta vegetal, provocadas por los incendios, la agricultura de monocultivo, la ganadería industrial y el urbanismo descontrolado, lo que conlleva la erosión de los suelos fértiles, la sobreexplotación de los acuíferos, la falta de agua y la salinización de las tierras.

A todo ello se suman los efectos del cambio climático. El aumento de las temperaturas y la disminución de las precipitaciones, son sólo dos de las múltiples consecuencias del incremento de las emisiones de gases de efecto invernadero a la atmósfera.

El Papa Francisco reafirma estas causas en su carta Laudato si diciéndonos la Tierra «clama por el daño que le provocamos a causa del uso irresponsable y el abuso de los bienes que Dios ha puesto en ella. Hemos crecido pensando que éramos sus propietarios y dominadores, autorizados a explotarla». Así, el papa Francisco denuncia los abusos cometidos por la humanidad sobre nuestra «casa común». El calentamiento global, el deshielo polar, la disminución de las selvas tropicales, la sequía, el agotamiento de los recursos naturales.

La desertificación trae consigo consecuencias ecológicas y sociales o como lo dice el Papa Francisco en su carta Laudato si, cuando nos habla de ecología integral donde todo está íntimamente relacionado y no hay dos crisis separadas, una ambiental y otra social, sino una sola crisis socio ambiental. Cuando hay un desarrollo económico solo basado en el capital, son los grupos más vulnerables que sufren las consecuencias de la desertificación. Así vemos como muchos campesinos han debido abandonar sus tierras y llegar a las periferias de las Ciudades por nombrar solo una consecuencia de este fenómeno.

También los especialistas señalan que la fauna que depende de la vegetación y del agua, se ve tremendamente afectada, teniendo que desplazarse en busca de alimento y las especies migran o simplemente se mueren. Por ejemplo se ha producido un desplazamiento hacia la pre cordillera, la cordillera o hacia las zonas urbana.

Por último invitamos a cuidar nuestra casa común y así contribuir a la detención del avance del desierto ya sea con medidas de mitigación o de adaptación al cambio climático con acciones muy cotidianas como las que ya promovemos desde el área de desarrollo sustentable en el cuidado del agua y de la tierra.

 

Publicado en Infancia y Familia.