En Chile la droga es un flajelo que sume transversalmente a la población en la violencia y la desintegración de las instituciones sociales. No es un problema sólo de nuestro país. Latinoamérica sufre en diversos grados el tráfico y microtráfico de estupefacientes en que los niños y adolescentes son las principales víctimas.
Cuando la droga ataca, es la familia la que se resiente y como una bola de nieve, la sociedad entera sufre sus nocivos efectos. El fenómeno pareciera ir en aumento a pesar de las acciones de prevención y la cada vez más extrema vigilancia de actividades ilícitas relacionadas, por parte de las autoridades.
Al respecto, hace un tiempo atrás un grupo de sacerdotes argentinos redactó una carta donde hacían ver los efectos de la droga en las villas miseria de ese país, situación que no está muy alejada de nuestra realidad en poblaciones que son casi controladas por pandillas y narcos.
El documento se refiere al debate surgido en torno a despenalizar el consumo de droga (en nuestro país hay senadores y precandidatos presidenciales partidarios de aquello) y lo que significa en lugares donde las familias de niños y jóvenes ven cómo su futuro se diluye en la violencia que causa la adicción a sustancias.
En una de sus partes el documento señala que "entre nosotros la droga está despenalizada de hecho. Se la puede tener, llevar, consumir sin ser prácticamente molestado. Habitualmente ni la fuerza pública, ni ningún organismo que represente al Estado se mete en la vida de estos chicos que tienen veneno en sus manos".
Y continúa "Cuando vemos muertes causadas por menores adictos, también nos preguntamos ¿quién es el que pone el arma en manos de los menores? De este espiral de locura y violencia las primeras víctimas son los mismos vecinos de la Villa".
Consumo
En Chile, el 4,96 por ciento de la población reconoce haber consumido marihuana durante el último año. El 0,42 por ciento consumió pasta base, porcentaje menor que quienes declararon consumir cocaina, 0,27 por ciento.
En conjunto, esas tres drogas representan el consumo principal de los jóvenes y adolescentes y alcanzan en total sobre un seis por ciento de la población.
Chile es uno de los países de Latinoamérica de más alto consumo de drogas. Lo que sumado al consumo de alcohol en trabajadores, los llamados bebedores problema, que alcanzan a un 30,8 por ciento de la población y cigarrillos (48,5 por ciento de los trabajadores), lo ponen en un sitial nada envidiable dentro de los demás países de la región.
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