Si hay una institución de la que debemos sentirnos orgullosos los chilenos es la de Bomberos, pues ellos han logrado levantar una organización respetada y de prestigio que mañana celebra un nuevo aniversario desde la fundación de la primera compañía allá por 1851, después de dos incendios que devastaron Valparaíso y que crearon la necesidad de contar con una entidad especializada en este tipo de siniestros.
La de Valparaíso fue la primera y a ella se le han sumado varias más hasta alcanzar unas mil cien actualmente, con más de 35 mil voluntarios, altamente equipados e instruidos, que han sido por largos años, protagonistas silenciosos de una labor en su mayoría desconocida.
La estructura nacional establece un cuerpo de bomberos cuyo elemento principal es el voluntariado, ya que en palabras de ellos mismos “ser voluntarios supone empatía con el otro, invención constante de la patria como un proyecto de vida en común. Es la materialización cotidiana de ser reales forjadores de capital social”.
Hoy cuesta entender ese desapego al heroísmo de los bomberos y bomberas, que aún a riesgo de su vida velan por vidas y bienes ajenos y que más encima deben realizar colectas públicas y costear de su propio bolsillo el funcionamiento de esta institución. Pero la respuesta está en la empatía que ellos mismos describen, aquella que les indica que a través de su labor construyen el Chile que se preocupa por los demás desinteresadamente.
Por eso no es de extrañar que en las encuestas de confianza en instituciones nacionales realizadas recientemente, la más apreciada sean los bomberos, que están por sobre las policías, los políticos, FFAA y la Iglesia, demostrando que esa labor alejada del interés monetario es reconocida por la gran mayoría de los chilenos que confían en esa institución.
En sus 160 años se han posicionado como una de las instituciones más respetadas no sólo en Chile, también en el extranjero y son numerosas las compañías de Bomberos de otros países que reciben capacitación de sus pares Chilenos, cuyo modelo de funcionamiento a través del voluntariado es admirado en otras partes cuyos integrantes son profesionales pagados por el estado o incluso son un servicio privado como en Dinamarca.
A pesar de esa admiración, deben lidiar con la constante falta de recursos e incluso trabas para realizar su labor. Si bien están exentos del pago de impuestos y de servicios básicos, aún deben pagar peajes en carretera cuando se trasladan hacia una emergencia y el aporte del estado deben complementarlo con colectas públicas que hacen reflexionar sobre el rol de bomberos y su financiamiento, pues deben reponer equipos y capacitarse constantemente para responder adecuadamente ante los diversos siniestros que van surgiendo de acuerdo al desarrollo de la sociedad.
No podemos dejar de mencionar en este homenaje a esa corporación, la respuesta de bomberos en los minutos inmediatos al terremoto, quizás la primera institución que respondió a la emergencia en las zonas más increíbles, a pesar que ellos mismos sufrieron la pérdida de mucha infraestructura, carros y equipos. Estuvieron removiendo escombros y rescatando víctimas y heridos en las ciudades y alertando a los vecinos del tsunami que se venía en la costa, sin duda heroico y destacable.
Por eso este 30 de junio no queda sino homenajear a esta institución que es de todos los chilenos y que representa lo mejor de nosotros, heroísmo, valentía, espíritu de servicio, honradez, solidaridad, acogida y sacrificio.
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