Que llueva y nieve como hace unos días en el desierto de Atacama parece extraño, igual que aquella especie de tornado que pasó por Villarrica semanas atrás o la disminución de las lluvias en nuestra región, lo que sumado al terremoto, tsunami y actividad de los volcanes nos hace dar cuenta de lo frágiles que somos ante la naturaleza y sus exabruptos.
Existe un alto grado de responsabilidad humana en la forma cómo se comporta el planeta, muchos de los fenómenos que nos asombran son parte de procesos naturales que se han acelerado en las últimas décadas a causa de la emisión de gases invernadero y no auguran precisamente un mundo mejor para los próximos años.
En Chile hay estudios serios al respecto que predicen parte de los efectos de un calentamiento global para nuestro país, es algo que podemos palpar concretamente, como el aumento de las temperaturas de las aguas a lo largo de la costa, los cambios en la distribución de la vegetación en la zona sur y el acelerado retroceso de los glaciares cordilleranos, el aumento de la temperatura y falta de lluvias en la zona central, así como el aumento de precipitaciones en el norte.
Es imposible que los países de todo el mundo acuerden eliminar desde ya todas las emisiones contaminantes, que es lo que se debería hacer tan solo para disminuir una pequeña parte del daño ya causado, por lo que no queda otra cosa que trabajar aceleradamente para que los cambios que se produzcan en un futuro no muy lejano afecten lo menos posible a la población más vulnerable, es decir a quienes viven de la pesca, la agricultura, la ganadería, pues serán los sectores que recibirán el mayor impacto de las transformaciones que implica el cambio climático.
El Maule será una de las zonas afectadas pues la disminución de las precipitaciones hará aumentar la aridez del suelo, afectando la agricultura y a quienes viven de ella, mientras que un alza de la temperatura de las aguas afectaría la explotación de especies como el jurel en la VIII Región, o la anchoveta en el norte, recurso fundamental para la industria de la harina de pescado y de miles de trabajadores.
El clima cambiará irremediablemente y con él nuestro territorio y las actividades a las que nos dedicamos, lo importante es estar preparados para cuando eso suceda, dotar de infraestructura eficiente de riego a la población rural más pobre para que puedan transformar sus cultivos y adecuarlos a la nueva realidad, evitando la pérdida de valor del suelo hasta ahora productivo. Junto con ello se hace necesario facilitar y promover el cambio cultural y de hábitos que eso significa, pues es posible que muchos cultivos que hoy se dan en el norte terminen en esta región.
Tomando como inevitable estas transformaciones en nuestro territorio, debemos ser capaces de mantener un crecimiento económico sustentable ambientalmente y sostenible en el tiempo, ¿cómo hacer eso?, no hay una receta mágica, pero se avanzaría mucho en esa dirección si se parte por el respeto a las personas, al medioambiente y una real conciencia de que la actividad humana impacta en la naturaleza y que la naturaleza a fin de cuentas es nuestro hogar, que a veces nos sorprende y que también nos maravilla.
|