No acostumbrarse a una ciudad bombardeada

Jorge Brito O. Director Fundación Crate

 

Nos hemos acostumbrado a vivir en una especie de permanente estado de catástrofe, en medio de réplicas, escombros, demoliciones, polvo, familias completas viviendo en carpas o mediaguas y a medida que pasa el tiempo vamos adoptando una especie de acostumbramiento a esta situación y como ha pasado antes, corremos el peligro que esto continúe por más tiempo del que quisiéramos.

Talca es una ciudad devastada que nos recuerda la imagen de cientos de ciudades bombardeadas en lejanas guerras por televisión, qué duda cabe de eso y no sólo por el terremoto sino por todo lo que se ha producido después. Hay situaciones que también merecen considerarse en ese estado, como lo ocurrido los días posteriores y lo que ha sucedido hasta ahora, ese bombardeo de imágenes e información que llaman a la confusión y a disputas públicas y que no hacen sino retrasar la labor más urgente que es sacar a las familias de la difícil situación en que se encuentran.

Toda ayuda debiera ser bienvenida, pocas personas saben que en un momento el fundador de la Universidad de Concepción quiso instalar una casa de estudios en nuestra ciudad y las disputas locales alejaron de Talca un proyecto que pudo haber significado un importante avance para toda nuestra región. Por eso creemos que por lo que hay que trabajar es por las soluciones y no por los problemas.

Sabemos que en estas circunstancias hay quienes obtendrán enormes ganancias, como de hecho ya lo están haciendo, y sabemos también que hay quienes ante esa posibilidad responden con responsabilidad respecto de lo que se espera para ellos, la ética y la responsabilidad social, que algunos ven como un gasto más al interior de la empresa, cobran aquí un valor relevante a la hora del llamado a reconstruir, porque evita el acostumbramiento de situaciones injustas y hacen un llamado a entregar respuestas claras a favor de una acción ética, transparente, pronta y diligente que permita construir una ciudad mejor que la que estaba.

Esperemos que también el mundo rural esté incluido, necesitamos un programa de pequeñas localidades para localizar y fomentar la construcción en zonas alejadas, donde las empresas no son capaces de obtener grandes utilidades, allí el drama es doble porque a la destrucción se suma el aislamiento y el poco interés en asistirlas.

Si caemos en un confuso acostumbramiento a todas estas situaciones ganarán los que ganan siempre y el resto seguirá esperando, recordemos que en otras ciudades aún existen poblaciones de emergencia creadas tras el terremoto de 1960, por eso el llamado es volver a la normalidad, lo cotidiano y seguir adelante con nuestras vidas, conscientes que estamos sumidos en algo que no es normal y a lo que debemos estar atentos para no acostumbrarnos a ver escombros y destrucción.

 

 

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