Retomar lo cotidiano

Jorge Brito O. Director Fundación Crate

 

Parece majadería pero no lo es, seguir hablando sobre el terremoto, dónde estábamos, qué hacíamos, como está la casa, la familia y los más increíbles efectos que intervinieron aquella noche y que transformaron todos nuestros planes, a nivel familiar, doméstico y nacional, para un año que se veía venir con el sello del Bicentenario, sus celebraciones y sus hitos.

Va a costar retomar aquellos anhelos y la seguridad que nos entrega lo cotidiano. Para muchas personas el sueño de la casa propia, la seguridad que brinda se transformó en una pesadilla que deben sortear durmiendo en carpas o albergues, al igual que la infraestructura que afecta a comerciantes, pequeños empresarios y trabajadores.

También hay un efecto en los hábitos cotidianos, las conversaciones en todo nivel se refieren casi únicamente sobre aquél día, es difícil para algunas personas volver a dormir, concentrarse en sus trabajos, ir a lugares públicos, no es fácil tampoco asimilar la cantidad de réplicas que nos recuerdan una y otra vez esa noche. Todo esto es absolutamente normal e incluso necesario, porque vivimos en un país en que cada generación queda marcada por alguna catástrofe natural.

La esperanza está puesta en que vemos a nuestros abuelos, a nuestros padres y ahora a nosotros y queda en evidencia eso de que somos un país de sobrevivientes y la clave para enfrentarnos como sobrevivientes es la profundización de los lazos sociales que paradojalmente ocurre cuando nos sobreviene una desgracia. Ahí estuvimos con nuestros vecinos defendiendo la cuadra, el pasaje o la calle de los supuestos asaltos, personas que ni se conocían, ayudando a retirar escombros, ofreciendo teléfonos o vehículos para saber de otros. Esos días sin electricidad de una forma u otra volvió una vida que parecía perdida, de largas conversaciones al aire libre y de una real preocupación por otros.

Esos lazos sociales son tremendamente importantes para retomar lo cotidiano porque es en el entorno de nuestra comunidad donde nos desenvolvemos la mayor parte del día y al interactuar de esa forma vamos acrecentando nuestra seguridad y la de otros en un círculo que sólo trae beneficios al conjunto de la sociedad, porque la colaboración es mejor que la competencia.

Todos tenemos un rol en estos momentos, y así como el estado debe cumplir el suyo en apoyar la reconstrucción nacional, nosotros somos responsables de mantener ese espíritu que nos acompañó en esos días y acrecentarlo en forma de relaciones sociales, estables, extendidas y de permanente preocupación por los demás.

Necesitamos retomar nuestra cotidianeidad pero sabemos que eso no será posible en lo inmediato. Traer de vuelta esos lazos nos hace bien y es ahí donde comienza la reconstrucción del espíritu de las personas que hoy sienten angustia y miedo y que sólo quieren alguien que las acoja en su sufrimiento y ése es el mejor aporte a la reconstrucción.

 

 

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