Las movilizaciones de los estudiantes a favor de una educación pública gratuita y de calidad han atraído a miles de personas que ven en ésta, la oportunidad de plantear su descontento con un modelo que si bien ha generado enormes réditos en cuanto a estadísticas macroeconómicas, no son capaces de ser reconocidas como beneficios propios por gran parte de esos miles de chilenos, ya que como las estadísticas lo señalan, somos el país con una de las peores tasas de distribución de ingresos y mayor inequidad social en América Latina.
De esta forma, educación podría ser salud, vivienda, trabajo o cualquier otra instancia donde los ciudadanos desarrollan un proyecto de nación incluyente para todos. Esa es la gracia de los estudiantes, que pusieron sobre la mesa y desnudaron el descontento de miles de personas con un modelo de sociedad que no los representa y que ha demostrado ser desigual e injusto.
Pero una vez planteado el problema hay que encauzar caminos que corrijan las anomalías y para ello se necesitan liderazgos potentes y responsables que sepan reconocer la enorme oportunidad de un momento que puede ser histórico para el país, que sirva para corregir las injusticias provocada por la falta de oportunidades.
Hasta el momento hemos visto como hasta los elementos consensuados se han polarizado a tal punto que a pesar de los esfuerzos de lado y lado no se ha avanzado una sola coma en llegar a un acuerdo que permita dar el paso siguiente: Dejar de lado los protagonismos personales, caudillismos y sacar lo positivo de la movilización para alcanzar un nuevo pacto social donde estén incluidos todos los actores sociales.
Así se hace en democracia, se dialoga, se participa, se moviliza y se exige, nunca con dogmas y menos sin tranzar, porque esa época ya la vivimos y hay quienes no estamos dispuestos a volver a ella, por los costos que significó en su momento. Porque creemos que la sociedad se construye día a día como lo planteó el presidente Aylwin en su momento, con civiles y militares, a lo que habría que decir hoy, con trabajadores y empresarios, con estudiantes y gobierno.
Sería lamentable que esta generación no fuera capaz de encontrar caminos hacia el desarrollo de una economía a escala humana sólo por atrincherarse en cómodas posiciones ideológicas, intereses particulares o de ego, porque nunca antes hemos tenido una oportunidad como esta, donde todos los actores sociales concuerdan en las injusticias que se generan y se aprecia la necesidad de cambio no tan sólo en educación.
Da gusto ver como niños de 15 años comentan que están en paro por ellos, sus hijos y sus nietos, porque demuestra perspectiva, esperemos que los dirigentes estudiantiles, sociales, el gobierno y los parlamentarios tengan la misma perspectiva para llegar a acuerdos que inicien un largo recorrido hacia la inclusión de quienes hoy estan excluidos, porque los resultados no serán automáticos y demás está decir que la sociedad se construye cada día entre todos, con voluntad, solidaridad y mucho, mucho diálogo donde no existan vencedores ni vencidos sino que sea el país el que gana.
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