Nos acercamos a un nuevo año y es inevitable hacer una reflexión. En esta época estamos todos un poco nostálgicos haciendo el recuento de lo que nos pasó y es que este año si que sucedieron hechos en nuestro país de impacto mundial.
Se esperaba que el 2010 sería un año inolvidable, nos preparábamos para la gran fiesta patria, el Bicentenario de la nación, se habían proyectado grandes obras de infraestructura para conmemorar esta efeméride, y no pocos anunciaban que estábamos ad portas de lograr el tan ansiado desarrollo, por otro lado, la selección de fútbol producto de una rigurosa planificación y conducción, participaría en el mundial tras años de ausencia producto de las crisis reiteradas que ha vivido este deporte.
Sin embargo, finalizando la temporada de vacaciones la naturaleza nos dio un golpe del cual aún no nos recuperamos y que según expertos, tardará unos 5 años por lo menos. Un terremoto 8.8 sacudió a gran parte del país y nuestra zona fue una de las más afectadas.
Este inesperado terremoto no sólo nos dejó claro que no controlamos la naturaleza, aunque muchos eso quisieran, sino que también nos dejó entrever que claramente la vulnerabilidad es un tema del cual no nos hemos ocupado. Nuestros sistemas de alarma temprana fallaron gravemente ante la catástrofe, y en un comienzo reinó la incertidumbre y el descontrol, aflorando lo peor y lo mejor del ser humano, esto visto en los actos de vandalismo y también de solidaridad, fue claro que quedamos así sin un aparente sistema que fuese capaz de sostener al país eficientemente.
La pobreza y la Cesantía aumentaron como la inseguridad ciudadana, pero esto no debe hacernos caer en negativismos que de nada sirven, a través de estos hechos, sumado a otros como el derrumbe que dejó por meses atrapados a 33 mineros, o ahora ultimo el incendio en la cárcel de San Miguel, debemos tomarlos como una oportunidad de mejorar los procesos productivos y protocolos a desarrollar ante catástrofes y emergencias, si no hubiesen ocurrido no nos habríamos preocupado al menos de poner en el tapete, todos estos temas. Y Estaríamos seguramente viéndonos el ombligo pensando en lo maravillosos que somos frente a nuestros vecinos sudamericanos.
Ahora la tarea es clara, hemos demostrado la capacidad del pueblo de sobreponerse ante las adversidades y desarrollar acciones que con creatividad proyecten soluciones, también es necesario generar procesos que fomenten un estilo de desarrollo sustentable y sostenible para minimizar las vulnerabilidades, sabiendo que cada cierta cantidad de años la naturaleza nos viene a recordar nuestras fragilidades, este desarrollo debe ser en todas sus áreas y que alcance a todas las esferas sociales, políticas públicas que nos orienten hacia una mejor sociedad, mayor autonomía de las regiones para la toma de decisiones y especialmente un desarrollo inclusivo fundado en valores como la solidaridad y la justicia social.
Es hora de sacar los escombros físicos y aquellos que afectan nuestra alma y hacer una limpieza completa, para así reconstruir el espíritu que nos hará distintos, que nos permitirá ver que entre todos formamos un país, en el cual todos somos importantes y que nuestra región a pesar de los embates de la naturaleza, es capaz de ponerse de pie con dignidad y salir adelante con la frente en alto promoviendo un desarrollo para todos sus habitantes. Adiós 2010, Bienvenido 2011.
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