“Esta fue nuestra casa de la infancia, me da pena no verte más” esta frase anónima escrita en uno de los tantos muros que serán derribados dentro de poco, grafica claramente el sentimiento de miles de personas que hoy están a la espera de una solución a la precariedad en que se encuentran actualmente. Muchos de los damnificados hoy están en la incertidumbre acerca de su futuro, lo que agrava la angustia de la llegada del invierno sin tener un lugar donde proteger a sus familias del frío y de la lluvia, son miles y por suerte hoy el país cuenta con los recursos necesarios para que en el menor tiempo posible ese futuro incierto deje de serlo.
Pero hay que advertir que el esfuerzo que hace el país por sacar adelante la situación no tendrá ningún sentido si la reconstrucción no toma en cuenta los anhelos de los propios afectados. Hoy la información es un activo preciado para delinear el futuro de las ciudades destruidas, lo que en otras palabras implica el futuro de miles de hombres, mujeres, niños y ancianos damnificados, que frente a toda lógica deberían tener una importante cuota de responsabilidad en su propio futuro.
¿Ha sucedido eso? Desgraciadamente hemos visto cómo algunas autoridades locales utilizan la información disponible para afianzar el poder político al interior de sus comunas. Se subestima a la población como si ésta tuviera sólo el deber de esperar favores de quienes ocupan los cargos más altos. Se equivocan los que piensan así, hoy estamos en pleno proceso de formación de una ciudadanía consciente de que los subsidios no son “beneficios” ni paleteadas, sino algo que les pertenece como sujetos de derechos.
Hay quienes amparados en la emergencia se olvidan de las personas y buscan afianzar un poder local basado en la manipulación y desinformación de la población, de una forma que pone en peligro los avances de empoderamiento de la sociedad civil, y la aplicación eficaz del plan de reconstrucción, por cuanto sus actos no permitirían la debida fiscalización de los vecinos, ni una toma de decisiones acertadas respecto del camino a seguir para avanzar en la reconstrucción.
Generar falsas expectativas en estos momentos es inmoral, lo que ahora necesitamos es que las autoridades estén más cerca de la población y que ésta sea escuchada, informada y tomada en cuenta en sus demandas, también que las autoridades expliciten lo que se puede y no hacer en el futuro porque cuando hablamos de reconstrucción nos referimos al futuro de ellos y sus familias.
Debemos agradecer a Dios porque el terremoto nos encontró en una situación en la que los recursos están disponibles, esperamos que a nivel local las autoridades den el ancho que permita hacer buen uso de esos recursos y que a al mismo tiempo, permitan que sean los vecinos los primeros fiscalizadores, transparentando y promoviendo instancias de participación para que entre todos decidamos el Chile que queremos levantar.
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