Chile es un país que ha conseguido logros importantes en el camino al desarrollo, hoy pertenecemos al llamado club de los países desarrollados OCDE y se nos ha invitado al encuentro del G-20 del cual participan las economías más desarrolladas del planeta. El crecimiento económico y las exportaciones crecen cada día aportando riqueza y superando lentamente la pobreza de cientos de familias.
Lamentablemente lo anterior no basta para acercarse siquiera el mundo desarrollado. Persiste en nuestro país una realidad socialmente transversal a todos los estratos, que perpetúa la desigualdad generación tras generación y es un indicador que da cuenta de la enorme inequidad que aún subsiste: Se trata de la discriminación.
Lo hemos visto últimamente en televisión con el caso de las nanas, pero el problema es más profundo que eso, se trata de la manera en que entendemos y nos relacionamos con el prójimo y la comprensión de su rol en la construcción de la sociedad.
Situaciones discriminatorias por las razones que sean, no son sino el reflejo del desarrollo no alcanzado y lo mucho que nos falta para llegar a eso, pues la comunidad se fortalece con la común unión, de ahí su nombre, de todos sus integrantes.
Al ser una práctica la mayoría de las veces sutil, creemos que es problema de otros, pero la verdad es que segregar es algo mucho más común de lo que creemos, aún en Chile, y de la que no nos salvamos ninguno de nosotros. El Informe de la Corporación Latinobarómetro 2011 señala que el 45 por ciento de los chilenos ha sentido algún grado de discriminación y en el caso de las mujeres, la percepción de discriminación laboral alcanza al 84 por ciento.
De hecho hoy nadie está libre, desde las distinciones que se hacen ya sea por que se es campesino, mujer, o adulto mayor, mujer jefa de hogar, indígena, pobre, por pensar distinto a la mayoría, o por vivir en determinadas comunas y la discriminación a las trabajadoras de casa particular como hecho más reciente. Estamos en la cultura del “tener” donde se valora el estatus mas que la condición del “ser” y todos hemos estado en los dos lados de la discriminación. Hasta hace poco, menos de veinte años, en Chile se podía detener a alguien solamente por usar pelo largo y los niños nacidos fuera del matrimonio carecían de derechos respecto a los que lo hacían dentro de un matrimonio, por solo nombrar algunas.
Los principios de igualdad, libertad y fraternidad son los elementos fundadores de la civilización moderna y cualquier acto que vaya en contra de esa primicia universal atenta contra la dignidad de las personas.
El tema es que el solo crecimiento económico no nos va a permitir ser un país desarrollado, pues para hacerlo es necesario poseer la suficiente cohesión social que permita la colaboración y unidad de todos los que participan de la sociedad, los que aportan crecimiento y los que necesitan de otros para salir adelante. Es el principio de la justicia social y es lo que predicaba el Padre Hurtado al señalar que la justicia precede a la solidaridad. |