“Se puede hacer el paraíso en la tierra, no hay que esperar morirse para hacerla mejor”. En esta frase de Felipe Cubillos se puede responder al por qué el accidente en la isla de Juan Fernández causó tanto dolor en miles de chilenos y chilenas que lloran la muerte de estas 21 personas que se dirigían a ella para colaborar en las tareas de reconstrucción.
Esa frase cobra un sentido profundo de solidaridad con la tragedia que ocurrió el viernes, en que nos duele mayormente la pérdida de hombres y mujeres que comprendían más que nadie la idea de la fama y el éxito como medio para alegrar y mejorar la vida de los más necesitados.
Son 21 personas, de las cuales, dos de ellos, un empresario como Felipe Cubillos y un animador de Televisión como Felipe Camiroaga que desde sus propios ámbitos acompañaron y ayudaron a miles de personas a saciar la necesidad de compañía en momentos difíciles. Logrando darle un sentido a sus vidas.
Apenas ocurrido el Terremoto, no dudaron en arremangarse la camisa y estar en el lugar que les dictaba su conciencia, una labor de la que ellos eran los principales rostros, pero que enseñaron que su propio éxito era gracias a los equipos anónimos que daban vida a sus emprendimientos, y eso lo sabemos por el cariño demostrado por sus compañeros y el país entero luego del accidente.
“Yo no quiero ser el hombre más rico del cementerio” decía Felipe Cubillos y se puso a trabajar para colaborar en la reconstrucción, la misma labor que le quitó la vida. Hoy en Iloca, Dichato, Juan Fernández hay quienes lo lloran porque realmente se comprometió a buscar soluciones para ellos. Felipe Camiroaga, desde la televisión acompañó a personas solitarias que no tienen otra cosa que la TV para hacerse compañía, colaboró en las causas más nobles de nuestro país y tenía un fuerte compromiso social, utilizó su fama para mejorar la vida de otros escuchando a quien quería hablar con él.
Ambos son ejemplo de servicio público, compromiso y solidaridad, reflejan el espíritu de los 21 que murieron, hombres y mujeres comprometidos y apasionados de su trabajo, de la FACH, del Consejo de la Cultura, de TVN y del Desafío Levantemos Chile, una pérdida que deja un legado más a la larga lista de quienes han trabajado por un Chile mejor.
Una pérdida que nos enseña que la fama y el éxito no se agota en lo material, sino que alcanza su mayor expresión cuando somos capaces de utilizarla para beneficio de los más desvalidos, algo que resulta fácil decirlo pero muy difícil de llevarlo a la práctica. Aquí se puede expresar que ellos lograron darle sentido a sus vidas y lograron la trascendencia de sus acciones con el reconocimiento que la comunidad les hace.
Es de esperar que puedan recuperarse todos los cuerpos para descanso de sus familiares. Como creyentes nos reconforta que “la vida se nos ha dado para conocer a Dios, la muerte para encontrarlo y la vida eterna para disfrutarlo” por lo pronto, no queda más que rezar para que el dolor que hoy sentimos se canalice en continuar ayudando y colaborando a quienes más lo necesitan, tal como lo hacían los 21 de Juan Fernández.
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