Descuentos, ofertas, créditos de consumo, pague uno y lleve dos, son sólo algunas de las promociones que nos bombardean a diario. Y es que la Navidad parece que en vez de alegrarnos nos trae estrés, mal humor, poca paciencia, responder a compromisos, etc. En este festival de ofertas la necesidad de gastar es lo que transforman nuestras ciudades y por consiguiente los ciudadanos, parece que nadie repara en lo que realmente nos pasa, es más fácil seguir el ajetreado ritmo y “comprar, comprar, comprar, que el mundo se va a acabar”, esa es la consigna.
Mucho se ha dicho que a pesar del año que hemos tenido, porque nadie podría negar que ha sido un año difícil, la economía esta reactivándose ,los indicadores económicos lo confirman y eso se demuestra en la gran oferta navideña, una serie de productos y de precios hacen que el codiciado cliente tenga mayor oportunidad de acceder a una “buena navidad” , pero ¿qué es una buena navidad?.
Sin duda, para muchos la respuesta es fácil, tener un árbol navideño lleno de regalos para nuestros seres queridos y mientras más grandes mejor, una lujosa cena y si es en algún cotizado hotel o un buen viaje, ya hablamos de una navidad más que buena.
El tiempo, la publicidad entre otros, hacen que muchos olviden lo que realmente celebramos, ya han pasado 2010 años y eso para una parte importante de cristianos, no significa olvido. Por el contrario, cada año recordamos el nacimiento del niño Jesús, del mesías, el salvador, aquel que se hizo carne en un sencillo pesebre y que nos recuerda el verdadero sentido de la vida.
Este año no debemos ni podemos olvidar lo que nos pasó, el mega sismo que vivimos y sus consecuencias catastróficas para miles de familias, no puede quedar como un lejano recuerdo, debe ser signo de solidaridad hacia quienes perdieron todo.
Es en este contexto que nos preparamos para vivir la próxima navidad, una navidad marcada por esta nueva realidad, pero también es una oportunidad de celebrar el nacimiento de Jesús en un espíritu especial, sencillo, fraternal, solidario pensando en la realidad en que viven más de 60.000 familias en el Maule. La invitación es a vivir una navidad diferente, austera, reflexiva, esperanzadora, solidaria, a vivir una navidad compartida, con aquellos que hoy más lo necesitan. Es en este espíritu que se enmarca la campaña Navidad Compartida, que esperamos toque el corazón de las personas de buena voluntad para que vivamos una navidad plena. Este año podemos decir que el salvador nace en una mediagua representando la sencillez del pesebre.
Participemos en la navidad compartida acercándonos a las comunidades de los sectores donde vivimos para colaborar con una canasta familiar o parte de ella, de acuerdo a nuestras posibilidades, con una familia que requiere nuestra ayuda. Lo importante es el gesto, el compromiso de colaborar con quienes hoy lo están pasando mal, poco cuesta dar una sonrisa y esperanza a quien todo lo ha perdido. Es con este gesto que nos puede ayudar a disfrutar más plenamente la celebración de navidad con nuestras familias y seres queridos.
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