Al hacer un recuento de lo acontecido en estos 200 años, y teniendo en cuenta que nuestra tan amada “larga y angosta faja de tierra”, físicamente nos distancia y que nuestras raíces son el producto de un ensamblaje de tantas y tan variadas culturas. Resulta necesario, por decir lo menos, reconocer ese espíritu que cada vez se fortalece más en el corazón de los chilenos, ese sentido de patria, el amor por Chile y cómo a través de catástrofes y triunfos hemos logrado acuñar nuestra bandera en el corazón.
Dentro y fuera del país se distingue el chileno no sólo por sus modismos tan conocidos, sino que también por el cariño que le tiene a su tierra y gente. Estas fiestas del bicentenario han logrado fortalecer aún mas este sentimiento a través del inmenso despliegue de fervor popular vividos de Arica a la Antártica, donde podemos reafirmar el sentido de orgullo de ser chileno.
Este territorio desconcertante poblado por pueblos de diversos orígenes ha logrado reforzar su identidad como nación, admirando a Arturo Prat, Manuel Rodríguez y O’Higgins. A Neruda, Gabriela Mistral y al padre Hurtado. Identificándonos con la bandera, canción nacional, fiestas patrias y la cuecas.
Algo transversal a todas las festividades es que éstas se vivieron con un fuerte sentido de familia. Lo pasamos mejor compartiendo en familia, así lo demuestra la encuesta Adimark-Uc, que indica que un 64% estima que tenemos mucho o bastante sentido de familia, y que para los chilenos del bicentenario hay una cosa tan o más importante que nuestras propias familias, la presencia de Dios. La misma encuesta reconoce que el 74 % de los consultados afirma que somos bastantes o muy solidarios, y como segunda virtud se destaca el humor un 68% dice que lo tenemos en buena medida.
Como dato interesante la encuesta indica que el 55% afirma que la laboriosidad y el sentido del trabajo son una característica que se da en gran medida en el país. El estudio establece que los chilenos creen más en sí mismos, valoran el esfuerzo personal, no dependen del Estado y están optimistas del futuro económico y social del país. Sin embargo, existe una baja confianza en las instituciones siendo las peor evaluadas las del ámbito político, donde los parlamentarios y los partidos políticos reciben una muestra de confianza de sólo 5% de la ciudadanía. Donde estamos al debe es respecto a la desconfianza de nuestra vida en comunidad, el 39 % de los vecinos no tiene ningún amigo en el vecindario, y el 80,3% no ha participado en ninguna actividad vecinal el último año.
El balance y la mirada de nuestra realidad son positivos, y nos deben dar la base para seguir construyendo el futuro de nuestra sociedad apuntando a superar las debilidades que son la costra dura de nuestra vida en común. La superación de la pobreza, las grandes inequidades sociales, construir un desarrollo inclusivo con respeto al medio ambiente, preservando la identidad rural base de nuestra nacionalidad. De esta manera podemos, como lo establece la encuesta, pensar que en los próximos 10 años podemos superar estas realidades para llegar a ser un país desarrollado.
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