El “gran desafío energético” llena páginas de periódicos, minutos de TV y horas de radio por estos días, pero un reto mucho más silencioso y quizás más importante es el que se avecina para las próximas décadas, cual es el de la seguridad alimentaria mundial.
En 30 años más, se estima que la población mundial llegará a los nueve mil millones de personas que demandarán una dieta rica en proteínas. Esta combinación hará incrementar la demanda de alimentos en un 70 por ciento, haciendo que éstos, según cálculos de la ONG inglesa OXFAM, aumenten su precio entre 160 a 180 por ciento si se mantienen las actuales condiciones de mercado en ese sector, esto es falta de infraestructura de producción en países pobres, concentración de la propiedad y erróneas políticas de subsidios de los países más ricos, entre otros factores.
Muy largo plazo dirán algunos, pero lo ci
erto es que los pobres pueden llegar a gastar cerca del 70 por ciento de sus ingresos en alimentarse y en 2008 el alza pronunciada del precio de los alimentos significó protestas y desmanes en al menos una decena de países. Y al año siguiente el planeta alcanzó por primera vez la lamentable cifra de mil millones de personas acostándose con hambre cada día.
En Chile esto parece ocurrir muy lejos y que esas cifras no nos afectarán, después de todo hemos superado las enfermedades del hambre y podemos decir que vivimos en un país que tiene como aspiración ser potencia alimentaria. Pero un alza del precio en esos parámetros afectará fuertemente el ingreso de los sectores más vulnerables, y por estos días ha causado gran impacto en todos los sectores el anuncio del posible aumento del precio del pan, demostrando que comer afecta de manera importante la economía familiar.
La solución para que estas funestas predicciones no se hagan realidad debe comenzar desde ya. Por lo pronto un fortalecimiento de la Agricultura Familiar Campesina en nuestro país podría ayudar a reducir el costo de la producción de alimentos, asegurando la fuente de ingresos de una gran cantidad de familias. En ese sentido hay que mencionar que en Chile casi el 30 por ciento de las explotaciones agrícolas son encabezadas por mujeres, un promedio que está entre los más altos del mundo y que en la medida que avancemos cada vez más en materia de terminar con la discriminación de género, podremos aprovechar ese potencial de manera mucho más eficiente. Ahí es donde se hace urgente implementar una adecuada protección social para mujeres en sectores rurales y una legislación y políticas que respondan a esa realidad y que les permita a los pequeños alcanzar el óptimo potencial productivo.
En la Región del Maule existe una gran cantidad de recursos humanos, naturales y materiales para aportar al desafío de otorgar seguridad alimentaria a nuestro país, que no acaba con la oferta de alimentos, sino con el acceso garantizado de éstos a cada familia, a precios que no terminen por dañar gravemente el presupuesto doméstico.
Es un gran desafío y es el debate que se viene, el cómo mejorar el acceso a los alimentos que son necesarios para las personas a precios razonables, ocupando las capacidades productivas de todos los que participan de esa cadena y generando ingresos para las familias de sectores rurales acordes a sus necesidades.
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