En medio de todo lo que ha sucedido en nuestro país desde el terremoto y tsunami del año pasado, pocos han sido los instantes que hemos tenido para sentarnos a observar en perspectiva el momento que estamos viviendo. Alejarnos de lo urgente e inmediato para mirar a largo plazo lo que vamos construyendo cada día.
Estos días de Semana Santa son la oportunidad de hacerlo. Una fecha que reúne a la familia en torno a la oración, la penitencia y la solidaridad, donde la bondad está presente en mayor medida gracias al recuerdo de Jesús en la cruz.
No son tiempos felices, la pobreza aumentó en las zonas terremoteadas, somos un país con enormes desigualdades que se ven a diario, pero también tenemos la oportunidad histórica de hacer bien las cosas para entregar felicidad y bienestar a cada persona de este país.
Es el espíritu de estos días, Semana Santa es tiempo de recogimiento espiritual y reflexión donde podemos sentarnos a evaluar nuestros actos, corregir nuestros errores, pedir perdón por las faltas que hemos cometido especialmente contra los más débiles e indefensos y continuar por la senda de hacer el bien sin mirar a quien.
Es el verdadero sentido, ese que con el paso del tiempo se ha perdido y que hoy se ha transformado en una fecha que llama al turismo y el comercio pero que muchos aún tratamos de mantener y cuyo objetivo, menos visible, pero no por eso menos importante, es el de retribuir el sacrificio de quien dio su vida por la humanidad.
A veces se nos olvida el valor de ese sacrificio, dar la vida por la salvación de la humanidad, y cotidianamente nos acostumbramos a la comodidad de nuestros puestos, olvidando el sufrimiento de los demás y las consecuencias de nuestros actos. Tenemos el ejemplo máximo de renuncia y amor que es el que recordamos estos días y el que debemos seguir para alcanzar la justicia en nuestra sociedad. “No hay amor mas grande que el que da la vida por sus amigos”.
Como cristianos es nuestra obligación trabajar por la justicia social, para ello la solidaridad juega un papel fundamental y a eso debemos abocarnos. Son muchas personas que esperan eso, los que más sufren, los pobres, las víctimas de discriminación, los enfermos, los campesinos, las madres solteras, los más vulnerables de nuestra sociedad.
Para todos Semana Santa es una oportunidad de volver a empezar, el tiempo donde se renueva el espíritu y donde cobra sentido el ser creyente a través de la solidaridad y la búsqueda de las virtudes que están simbolizadas en la crucifixión.
Reflexionemos en estos días con la calma del espíritu y observemos con distancia las consecuencias de nuestras acciones y en quiénes repercuten, construyendo con humildad y esperanza una sociedad que sea más justa e inclusiva para todos. San Agustín decía “Los tiempos son difíciles, seamos mejores y los tiempos serán mejores. Nosotros somos el Tiempo”.
|