Este domingo conmemoramos el primer año del terremoto y tsunami que devastó gran parte de la zona central de Chile. El Maule fue la zona más afectada, miles de personas quedaron sin hogar, cientos fallecieron y otros tantos aún se encuentran desaparecidos.
El dolor no ha sido fácil de llevar, las familias que perdieron seres queridos no han tenido el tiempo suficiente de reflexionar acerca de su pérdida, toda vez que al mismo tiempo han debido preocuparse de sacar adelante su familia, y recuperar su hogar.
Ha sido un año complicado para nuestra región y más aún para esas familias, pero en la dificultad aparece la esperanza, y las muestras de solidaridad nos llenan de fe. Desde el primer día llegaron desde todo Chile personas y familias enteras a ayudar, a apoyar a los damnificados, a construir mediaguas y a ponerse a disposición de la reconstrucción.
Con el paso de los meses, cientos de organizaciones solidarias internacionales y nacionales se hicieron presente con ayuda y aportes para que los damnificados sobrellevaran el invierno de manera digna y segura. Por las dimensiones de la catástrofe toda ayuda es poca y seguramente aún quedan algunas familias que esperan una solución definitiva y adecuada, pero son muchas las personas que realizan un gran esfuerzo en sacar adelante lo más rápido posible esta reconstrucción.
Pero lo que más nos ha reconfortado es el apoyo entre los propios damnificados. Familias que han perdido todo, nos han dado un ejemplo de inmensa solidaridad, algunas que ya eran pobres antes del terremoto, se negaban a recibir ayuda para que otros pudieran tenerla, es una imagen que nos devuelve la esperanza en que podemos reconstruir no tan solo las casas, sino que una región más humana para todos.
A fin de cuentas no es la primera ni será la última catástrofe que nos afecte. Por eso el mejor homenaje que podemos hacer a las víctimas y a los damnificados es sacar lecciones de esta tragedia, para que en el futuro no ocurran las lamentables pérdidas de vidas y hogares de cientos de maulinos.
Recordar es la mejor terapia para un pueblo todavía golpeado, cómo olvidar lugares que hace un año atrás formaba parte de nuestra cotidianeidad que hoy son escombros o lugares vacíos. No podemos olvidar a amigos y familiares que ya no están y tampoco olvidaremos a aquellas 25 personas que aún estan desaparecidas desde aquella noche.
Este 27 de febrero en el frontis de la Catedral de Talca esperamos reunir a toda la familia talquina para recordar nuestras pérdidas a un año del terremoto y tsunami, en una misa que servirá como momento de reflexión en un año donde la acción muchas veces ha hecho olvidar el real objetivo de la reconstrucción, que no es otro que el de dar alivio a miles de familias y levantar una zona que espera un renacer más humano y solidario, que esté atenta a las necesidades de quienes más requieren esperanza y fe.
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