El sector es relativamente nuevo y bien urbanizado, pero no existe actualmente un espacio común donde los niños puedan jugar y los adultos pasear al aire libre. Por ello a partir de los talleres, Ana y los demás socios han logrado con mucho esfuerzo construir un espacio común.
Ana nos cuenta que debieron conversar con muchas personas y trabajar harto para sacar adelante lo que ellos querían. "Nos dimos cuenta que los niños jugaban en la calle, sin ninguna seguridad, el lugar no era bonito y que podíamos hacer algo para todos. Entonces se nos ocurrió que debíamos tener un área de juegos para ellos".
Lo primero era comprometer a los vecinos, y para ello reunieron fondos para comprar los juegos a través de rifas que reunieron más de 100 mil pesos, además de los aportes de cada uno de ellos con trabajo y gestión.
"Bueno, el programa de Cuaresma, nos da a nosotros 150 mil pesos para la compra de los juegos, pero teníamos que emparejar el terreno, sacar las piedras, queríamos plantar árboles y flores y quizás comprar más juegos". En eso jugó un trabajo muy importante la gestión.
Muchos de los vecinos trabajan de temporeros en las faenas agrícolas de una viña y con ellos se consigueron una máquina para emparejar el terreno, "además que nos regalaron árboles y se han portado muy bien con nosotros" agrega Ana. |