Inés, de la Casa de Acogida de la Mujer Talca

"Pensaba que no valía nada, ahora sé que valgo todo"

 

Inés, así llamaremos a esta joven, llegó hasta la Casa de Acogida de Talca buscando protección ante las constantes amenzas de su conviviente, que la golpeó y la maltrató los cuatro años y medio que vivieron juntos ella, él y sus tres hijos.

Recuerda cómo fue su llegada a la Casa de Acogida: "Llegué súper mal, con los brazos cortados, por el suelo, golpeada y humillada. Apenas llegué, me sorprendió que me recibieran con un abrazo de bienvenida, me decían que no me preocupara que me iban a ayudar... algo que no se puede describir ni pagar"

Inés tiene 23 años y llegó desde San Javier a Talca, solicitando, ella a la fiscalía, esta medida precautoria ante los permanentes maltratos de su pareja.

La historia es antigua y ésta es la segunda vez que está en el centro. Antes había estado por un corto tiempo, pero decidió darle a su pareja una segunda oportunidad que terminó como la mayoría de las veces... en maltrato.

Por eso está nuevamente de vuelta y como dice Inés, ahora sabe que lo que él le hizo se va a volver a repetir si vuelven a estar juntos y por eso debe cortar definitivamente su relación con él y empezar a preocuparse por ella y sus hijos.

En el centro, Inés encontró la tranquilidad que no tenía en su hogar. "Los monitores siempre se preocupan, cuando despierto a cualquier hora de la noche están, conversamos, se hacen cargo de los niños cuando debo salir, nos hacen talleres, yoga, conversamos, reflexionamos entre nosotras sobre lo que nos pasa, compartimos las penas y nos damos ánimo"

Está agradecida, porque recalca que que cuando llegó, pensó que no valía nada y hoy se siente valorada por sus compañeras. "Yo valgo mucho más que todo, no necesito de un hombre para salir adelante con mis hijos".

Claro, la dependencia es una de las causas por la que las mujeres evitan denunciar estas situaciones. Por eso mismo está trabajando en Talca y en estos momentos postula a una vivienda para irse a vivir con sus tres hijos y comenzar una vida donde ser consciente de su real valía.

Inés tiene palabras sólo de agradecimiento, porque nos cuenta que no tenía dónde ir, la casa donde vivían era de los padres del agresor y si se iba quedaba literalmente en la calle, con sus hijos.

Por eso aguantaba los golpes, los maltratos, las humillaciones enfrente de sus hijos, que para ella es lo peor, porque ellos no tienen la culpa. Pero ahora la vida le sonríe y al final nos entrega una reflexión para todas quienes estan inmersas en la violencia doméstica y no saben qué hacer.

"No todo es oscuro, aunque pensemos que para qué vivir, para qué aguantar tanto, cuando estemos a punto de atentar contra nuestra vida, pensemos en nuestros hijos y para las que no tengan hijos, piensen en la vida, que siempre hay alguien que nos apoya y nos levanta".

También nos habla acerca de los demás, los que estan cerca de uno, familiares, amigos, vecinos... "yo pedía por favor que mi vecina denunciara, pero muchos de ellos tienen temor, no quieren involucrarse".

Hoy está lejos de todo eso, tiene a sus hijos y sus compañeras de la Casa de Acogida de la Mujer, tiene un futuro y las ganas de verlo junto a sus hijos y de aprender de las lecciones del pasado, para nunca volver a vivir la pena y la angustia y en lo posible, nos dice, ayudar a que otras mujeres salgan adelante, como ella.

 

 

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